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Friday, 29 de September de 2006

Mujeres que corren con los lobos - C. Pinkola Estés

La mujer que todas llevamos dentro... Existe el mito de que en toda mujer se encuentra la memoria de todas las mujeres que han existido, que llevamos las huellas que los siglos nos han dejado. Huellas indelebles e invisibles que nos empujan a luchar, a sobrevivir, a soportar el sufrimiento y a intentar renacer ante cada nueva vida.




Dentro de toda mujer, incluso de la más reprimida, alienta una vida secreta, una fuerza poderosa llena de buenos instintos, creatividad apasionada y sabiduría eterna. Es la Mujer Salvaje, una especie en peligro de extinción que representa la esencia instintiva femenina. Aunque los regalos de la naturaleza les pertenecen desde el nacimiento, los constantes esfuerzos de la sociedad por "civilizar" a la mujeres y constreñirlas a unos roles rígidos las han dejado sordas a los dones que alberga su interior.
En "Mujeres que corren con los lobos", la doctora Pinkola Estés revela ricos mitos interculturales, cuentos de hadas e historias (muchas de ellas relativas a su propia familia) para ayudar a las mujeres a recuperar su fuerza y su salud, atributos visionarios de esta esencia instintiva.
Mediante los relatos y los comentarios examinamos el amor, comprendemos a la Mujer Salvaje y nuestra psique más profunda la abraza íntimamente, como a alguien que contiene medicina y magia.
Estés ha creado una psicología femenina en su sentido más verdadero, el que lleva al conocimiento del alma.
"Unirse a la naturaleza instintiva no significa deshacerse, cambiarlo todo. No significa perder las relaciones propias de una vida en sociedad o convertirse en un ser menos humano... Significa establecer un territorio, encontrar la propia manada, estar en el cuerpo con certeza y orgullo, cualesquiera que sean los dones y las limitaciones físicas." Clarissa Pinkola Estés.

La loba

Este es el primer relato de “Mujeres que corren con los lobos”. El libro se presenta como un aprendizaje para intentar descubrir a la mujer que todas llevamos dentro. Puedes creer que es uno más de tantos libros en el que a través de cuentos se produce una especie de autoayuda. Posiblemente, sólo nos estén diciendo que deberíamos reflexionar y escucharnos, cosa bastante difícil. Al reescribir este relato, iba calmando el alma que notaba bastante por los suelos.
Hay una vieja que vive en un escondirjo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla.
Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos.
Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio indio de tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando al sur hacia Monte Albán en un viejo cacharro con el cristal trasero roto por un disparo. O esperando al borde la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos caminoeros a Morelia, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba.
La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todsas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.
Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.
Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.
La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.
La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.
En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoeteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.
Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara una cosa... una cosa del alma.

Por: Montse F | Lo que fue | Comentarios (0) | Referencias (0)

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